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Diario de una cuarentena II

Qué bien recibido, en general, este tiempo para un@ mism@, y qué falta hace ya juntarse con los demás. Para llegar ahí dónde un@ mism@ no llega, para recibir y dar aquello que cada un@ desea y que, si no es para regalar, el tiempo se lo lleva.

caballos pie a tierra

Cuando vi a los caballos haciéndose eso, me llegó con claridad: con los otros llegamos donde sólos no podemos. Los caballos se rascan en la cruz, el uno al otro, porque uno sólo no puede (bueno, tumbándose y revolcándose sí.. pero es igual que nosotros, podemos rascarnos la espalda solos, de alguna manera, pero cuando pedimos a alguien que nos colabore en la tarea es otra cosa, ¿verdad?)

Viendo esa foto, y viéndolo, sobre todo, en directo, me saltaron varias reflexiones..

Es abrumadora la cantidad de eventos a los que he dejado de asistir debido al estado de alarma. Ahora, mecida por esta pseudotranquilidad sociocultural, lo alarmante me parece haber vivido todo lo que estaba programado, agendado, organizado, planeado, cerrado, decidido.

Después de este tiempo, en confinamiento, puedo afirmar dos cosas, con la seguridad de tener entre los lectores un prudente acuerdo: 1, era necesario parar, y 2, ya es tiempo de volver a encontrarnos. ¡Ojo! No para acudir a toda esa programadísima y  loca agenda cultural, sino para vivir encuentros de verdad.

Yo, ahora, quiero eso: encuentros así de sencillo y con así de verdad. Este tiempo de no ver, a tanta gente.., y de estar tan conmigo, ha sido liberador y reparador para lo que conmigo he vivido y descubierto, pero, también, y , sobre todo, para afianzar que sin “l@s demás” no me llego a rascar donde me pica, ni me llego a regalar ratitos de tan sencilla felicidad.

..»el contacto con caballos contacta con mi parte más humana»..

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