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Felicidades, Tordillo

Tordillo llegó a mí cuando yo ya amaba los caballos y cuando yo ya tenía, más o menos, clara mi vocación. Y esa mezcla produjo la alquimia. Los caballos nos ofrecen oro. Oro en el campo de la inteligencia emocional, entre otros.

No he perdido el juicio, creo. Obviamente, sé que no lo hace él, que no lo busca él, que no tiene un plan programado de intervenciones conmigo para conseguir que yo llegue, gracias a su acompañarme, a la mejor expresión de mí misma. Aunque sí sé q está en su naturaleza buscar el equilibrio, la armonía de cuanto le rodea. Y que si una está abierta a ello, y tiene en su haber la madurez emocional, el compromiso de repensarse y las competencias socioemocionales un poco miradas, pasa. Pasa que el caballo te descubre verdades. Te desvela, te quita el velo con el que cubres tus inseguridades, tus miedos, tus partes feas..  además, a través de la observación y el conocimiento de ellos, en mi caso nació por observarle e irle conociendo a él (luego llegó la generalización), te descubren, también, cómo regular, hacia dónde dirigir, en qué volcar, para qué meta utilizar toda esa energía (emociones, pensamientos, conductas..) que tenemos.

He decidido dedicarme a esto, acompañar a personas, y grupos de personas, a que descubran, en compañía de caballos, qué energía tienen y qué pueden hacer con ella para conseguir oro.

Felicidades, amigo Tordillo, por tus 11 años, y por los millones de descubrimientos que me regalas. Me has puesto delante lo peor que también soy, y con ello, has colaborado a que me quiera, y quiera, mejor.

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