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Ratitos con Tordillo

Un mes hacía que no veía a Tordillo. Un mes. Entero. Llevaba tiempo sabiendo que le echaba de menos, que estaba escrito entre las tareas que hacer como prioritarias. Y ayer cuando le vi, cuando le cepillé, cuando monté, fue, realmente, cuando me di cuenta que un mes son muchos días. Da igual si para otras cosas se pasan rápido, un mes son muchos días.

¿Por qué se nos escapan los días sin hacer lo que nos gusta, lo que nos hace sentir bien, buscar las compañías que nos sientan bien? ¿Por qué no somos dueñas de nuestro tiempo, de nuestras vidas?

No voy de inocente, sé muchas posibles respuestas a esas preguntas, no pretendo simplificar la complejidad de nuestras vidas, y las redes que las tejen… Pero, moviéndonos un pelín en lo sencillo, no es verdad que no podamos cuidarnos algún rato en 30 días, no igual todo el rato que nos gustaría ni con toda la calidad que se debiera, pero mantener, aunque fuera mínimamente, lo que nos hace bien, no sólo reporta bienestar instantáneo, no es hedonismo lo que vengo a defender, es algo más grande, más importante, más formativo, más humano.

Hasta para hacer las cosas que nos gustan debemos obligarnos y crear hábito, día a día, aunque, aun gustándonos, no nos apetezca, porque si no, se van. Se van las cosas que nos hacen bien, que nos gustan, que queremos, que nos importan. Yo hablo, hoy, de pasar ratos con Tordillo, que es una actividad que puede pasar por ocio, (para mí es mucho más), y puede resultar banal, pero es precisamente eso lo que vengo a confesar… que nos dejamos perder hasta pequeños ratitos de ocio y disfrute que nos gusta tener, y que aprender a mantener ésas estamos fortaleciendo nuestra capacidad para comprometernos, en general, con cosas más trascendentales. Que lo que no ensayo no sale, que lo que no practico no lo aprendo, que lo que no soy capaz de llevar a cabo en mi vida no hay ideal que lo defienda.

Son tiempos raros, ya lo sabemos, pero son tiempos nuestros también.

Gracias, Tordis, me ayudas a tomar conciencia. 

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